Orquidea Nacional de Venezuela

Orquidea Nacional de Venezuela

El 23 de mayo de 1951 fue decretada la orquídea flor nacional de Venezuela; se declaró a la orquídea como la Flor Nacional luego de una gran investigación llevada por la Sociedad Venezolana de Ciencias Naturales.

La orquídea venezolana es originaria de la Cordillera de la Costa, se le conoce popularmente como la Flor de Mayo, porque en el siglo XIX en los pueblos se la utilizaba en las fiestas tradicionales de la celebración de la “Cruz de Mayo”.
El nombre científico de esta planta es Cattleya Mossiae, y le rinde honor a William Cattley, quien fue uno de los primeros en cultivar los bulbos de esta planta hacia los años 1818.

Esta planta pertenece al grupo de cattleyas unifoliadas, su pseudobulbo de 15 a 20 centímetros de altura presenta una hoja sola oblongoelíptica. Su flor mide entre 20 a 25 centímetros de diámetro, tiene sépalos y pétalos rosados o lilas ondulados.

Las orquídeas son de las mayores familias del reino vegetal, entre su familia podemos encontrar aproximadamente 30 mil especies y 800 géneros diferentes. Y es importante decir y destacar que en la región de América del Sur es donde se encuentra la mayor variedad de ellas

A propósito de la reinauguración del estadio El Porvenir de Caripito

Autor: Juan Antonio Perfetti Valdiviezo
Fecha: Abril 26, 2013

Escribo esta nota para continuar mi colaboración ocasional con la página Palco Deportivo que, desde Caripito, alienta mi buen amigo Luis Enrique Martínez, la cual, además, dedico a la memoria de Manuel Gómez Alfonzo, el más grande atleta que ha salido de Caripito, y a mis paisanos Oswaldo Capecchi y Enrique Capecchi, deportista internacional de grandes méritos y asesor deportivo a los más altos niveles de la dirigencia deportiva venezolana.

Me mueven a escribirla, por un lado, que hoy viernes 26 de abril se inaugura el V Oriental de Softbol Libre Caripito 2013, cuya realización durará hasta el domingo 28 y en el cual participan seis (6) equipos representativos de igual número de entidades estadales del oriente venezolano: Anzoátegui, Bolívar, Delta Amacuro, Monagas, Nueva Esparta y Sucre. Por otro lado, igualmente, la circunstancia de que con tal motivo, después de mucho tiempo de abandono, se reinaugura el estadio El Porvenir de Caripito, que antes lo fue del Campo Obrero de la compañía petrolera Creole Petroleum Corporation, y que mucha gente tiene como el estadio original de la tradición deportiva caripiteña. Con la finalidad de traer a la memoria la realidad de tal origen, ofrezco seguidamente una versión muy resumida del capítulo La Expresión Deportiva de mi libro “Donde los ríos se devuelven. Aproximación al Caripito de siempre…” (pp 193-204).

LA ACTIVIDAD DEPORTIVA CARIPITEÑA surge de la mano de dos hombres devotos y preocupados por el deporte. Se trata de Alberto Fuenmayor y Juan Santana, marabino el primero y portorriqueño el segundo. Ambos, desde que aquí llegaron en la década de los 30 y con una pasión inusitada, abrieron los caminos y los campos para que el cuerpo y la mente de los aficionados caripiteños respondieran de manera efectiva al gozo y la terapia que significa el deporte e, igualmente, los espectadores dieran rienda suelta a la alegría y la rivalidad que van parejas con toda actividad deportiva sostenida en el tiempo y en el espacio.

Desde el surgimiento de conjuntos deportivos hasta la presencia en el Salón de la Fama del Deporte Nacional, pasando por la construcción y sostenimiento de instalaciones adecuadas, la competición con otros entornos y el surgimiento del Instituto del Deporte del Municipio Bolívar, la historia deportiva de Caripito se nos presenta llena de afanes y esperanzas, que deben ser conocidos y, más aún, evitar ser olvidados.

El proceso deportivo

Muchas actividades deportivas y recreativas que se practican en el mundo de hoy surgieron de la observación del movimiento de los animales, el ruido de las tormentas, la velocidad del viento, etc. Así, el lanzamiento de la jabalina proviene del dominio necesario de la lanza para las faenas de caza y para la guerra; la necesidad de dominar el medio acuático trajo como consecuencia la natación; los mecanismos de comunicación entre los pueblos originaron las carreras de relevo; el tratamiento de los metales originó el levantamiento de pesas, entre otras actividades deportivas.

En el caso concreto de Caripito, muy a pesar de las dificultades para conseguir referencia sobre las manifestaciones de juegos o deportes autóctonos antes de la llegada del conquistador español, es indudable que dentro de la expresión de nuestros antepasados existió una rica variedad de juegos que de acuerdo a lo señalado en el párrafo anterior, constituyen nuestra expresión deportiva precolombina.

Inicialmente, la actividad deportiva en Caripito Pueblo se hacía en ambientes naturales. El río, las calles y cualquier paraje con ciertas características constituían las instalaciones en las que los aficionados caripiteños terminaban con raspaduras, fracturas o luxaciones. Fue en estas instalaciones improvisadas donde Manuel Gómez, gloria del deporte nacional y el más grande deportista que haya convivido en tierras caripiteñas, dio sus primeros pasos jugando “pelota” con bolitas de tenis obtenidas de los desechos de la cancha de los gringos y saltaba con garrocha de palo en el Paso de los Hombres en el río Caripe.

En el campamento petrolero, los norteamericanos trataban de adaptar sus costumbres deportivas a las posibilidades que les brindaba el entorno. Su afición por el tenis, el golf, el bolín y el béisbol pronto encontrarían cauces apropiados para manifestarse, pues construyeron magníficas instalaciones para la práctica de estos deportes.

La actividad deportiva en Caripito Pueblo tiene en Juan Santana, quizás, su primer organizador y el más persistente en el tiempo. Santana fundó en 1933 el terrible equipo de béisbol Ibarra que junto al Standard Criollos acapararon la idolatría de la naciente fanaticada beisbolera caripiteña. Este portorriqueño creó el Centro Deportivo Caripito mediante el cual los aficionados del pueblo participaron en olimpiadas, campeonatos, torneos e intercambios en varias disciplinas deportivas.

No obstante los esfuerzos de Santana, la actividad deportiva organizada y dotada de instalaciones apropiadas, se debe a la compañía Standard Oil Company of Venezuela que estableció aquí el centro de administración de su negocio petrolero en el oriente venezolano. Fue Alberto Fuenmayor, un maracaibero trasladado desde las instalaciones zulianas, quien, desde su oficina en el Departamento de Relaciones Industriales de la compañía, puso en acción la pasión por el deporte en los campos petroleros y ciudades petróleo del oriente del país. Desde entonces, el deporte se convirtió en una de las manifestaciones culturales de mayor arraigo y proyección en Caripito.

Desde el Centro Deportivo S.O.V. Caripito, integrado por empleados de la compañía, la actividad deportiva comenzó a dar respuestas alentadoras expandiéndose por todos los campos petroleros de Monagas y algunos de Anzoátegui. Se crearon y realizaron las Olimpíadas de Oriente y se organizaron campeonatos anuales de béisbol, softbol, voleibol, bolín, básquetbol, fútbol y hasta de ajedrez. En algunas de estas competencias los deportistas del pueblo también llegaban a participar. De acuerdo al deporte de que se tratara, las actividades deportivas comprendían las categorías adultos, damas y escolares.

Toda esta actividad contó con entrenadores deportivos que casi siempre eran los mismos profesores de Educación Física de los planteles educacionales. En los primeros tiempos, la Escuela Andrés Bello era la abanderada en este sentido. Entre los “Monitores” de Educación Física, que así se conocían a estos entrenadores, se recuerdan, entre otros, a Luis García Villarroel, José Rafael Díaz (El Flaco), Enrique Cedeño, Mario Abreu y Lino Silva.

Escenarios e instalaciones

Entre las instalaciones deportivas construidas por las compañías petroleras, estuvo el Estadio Boyacá, situado en El Bajo, donde hoy está el Grupo Escolar Pedro Gual. Aquí se realizaron las primeras Olimpíadas de Oriente y se escenificó en 1943, el célebre encuentro amistoso entre una selección caripiteña y el Cervecería de Caracas. Nuestra selección perdió 1×0 en el noveno inning con jonrón de Héctor Benítez Redondo. Nuestro lanzador fue el maracucho Mac Henry, quien después fue llamado para reforzar al Cervecería en una justa internacional.

Posteriormente, en 1945, el Estadio Boyacá fue sustituido por el de El Porvenir, ubicado en Campo Obrero, en el cual se efectuaron las más lucidas Olimpíadas de Oriente y campeonatos locales y regionales de béisbol, fútbol y softbol.

Otras instalaciones deportivas de entonces fueron el Campo de Golf en el Campo La Floresta o Americano que incluía los terrenos que hoy ocupa el Complejo Cultural; las canchas de básquetbol y de fútbol frente a la Escuela Andrés Bello, ahora Rómulo Gallegos; las de bolín y de tenis y la piscina ubicadas en el Club Americano.

En el Salón del Deporte Venezolano

El deporte caripiteño tiene la gloria y el honor de estar directamente representado en el Salón del Deporte Venezolano a través de la figura de Manuel Eliseo Gómez Alfonzo, el más grande y destacado atleta que hasta ahora haya surgido de los escenarios deportivos caripiteños.

Manuel, el hijo de Zoila, como le nombran sus más cercanos de la intimidad, comienza aquí sus hazañas jugando béisbol con pelotas de tenis y saltando con garrocha de palo en el Paso de los Hombres del río Caripe y llega a convertirse en atleta múltiple, pues, desde que era alumno de las escuelas Ildefonso Núñez, primero, y Andrés Bello, después, practicó atletismo, béisbol, voleibol, softbol y basquetbol, disciplinas en las que siempre tuvo destacada actuación.

El momento más emocionante de Manuel Gómez como deportista fue en 1991, cuando es exaltado al Salón de la Fama del Deporte Venezolano. Sin duda, un merecido reconocimiento a los tantos éxitos y actuaciones de este innegable valor humano de Caripito, que aunque nació en Caño Cocuina del hoy estado Delta Amacuro, vivió en Soro y llegó a Caripito en 1935 a la edad de 9 años, fue aquí donde se hizo hombre, se hizo atleta y se hizo ídolo. Con su brillo también brilla el gentilicio caripiteño en el altar del Salón del Deporte Venezolano.

Ante tanto argumento, se pregunta uno: ¿Sería posible que a este estadio que hoy se reinaugura se le pueda rebautizar con el nombre de Manuel Gómez como homenaje y reconocimieno a tanta gloria por él obtenida en este altar deportivo tan suyo y tan nuestro?

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